9. Nov, 2017

Minho el pequeño esplendor verde de Portugal ...

Ser Portugués es saber apreciar un buen café acompañado de un maravilloso pastel de nata; Comer un bacalao regado con aceite y oír un fado; Dejar todo para el final; Es tener orgullo en ser ciudadano; Es ver a alguien necesitado e intentar ayudar; Es ir de compras, no saber qué llevar y por fin irse con las manos vacías; Es beber unas cuantas cervezas, comer unos “bolos de bacalhau”  y ver un partido de Futbol ; En fin, ser portugués es todo y algo más, "El ser portugués es nunca desistir de nada, pues todo vale la pena !!"

Después de haber vivido en tantos lugares: Tierras Europeas, Tierras Africanas, Tierras de frontera, Tierras que se esconden detrás de montes ... Llego ahora y para quedarme, espero, a un lugar que es de hecho diferente. Es más verde, tiene más color y más luz, y más lluvia, también. Pero lo que más nos marca, cuando aquí llegamos, es la increíble simpatía y amabilidad de las personas. Estas gentes son abiertas, como su pronunciación y sus sonrisas. Son francas. ¿Quién diría que a esta altura de la vida me había de crecer aún más un anexo en el corazón? Un corazón Minhoto.

En el Minho de mi abuela Silvinda, el tiempo era marcado por las cuatro estaciones, el ajo pascual se sumaba a las rebanadas doradas, el sarrabulho andaba a medias con el cocido, el arroz de cabidela muy cerca con el arroz con leche. En la familia había primos sin fin, y en rigor, todos eran primos de toda la gente, el resto primo del resto. Pues es verdad. En el caso de los dos abuelos paternos, sólo conocí mi abuela; Silvinda Gomes Vilarinho que era Minhota de pura cepa. Nacida en Santiago, parroquia de Barbeita, municipio de Monção en 1904. Mi abuelo, Jose Gonçalves Garnel, natural de Cortinha, parroquia de Barbeita, município de Monção en 1908, no tuve la suerte de conocerlo, se había muerto años antes de yo haber nacido. Durante mi adolescencia me quede a vivir unos años con mi abuela y mi prima Aida en Barbeita. Me recuerdo mucho de mi  primo (segundo) Josué e su hermana Elvira, (que estaba casada con mi tío Januario) mi prima Maria Augusta es su hija. Elvira ha muerto cuando yo todavía era un niño. Josué era el padre de mi prima Paula (la que vive en Madrid)  siempre me recibían muy bien en su casa cuando de niño o ya de adulto. Me recuerdo con mucha alegría, que cuando les visitaba siempre decía a Paula para poner en la mesa el mejor jamón, embutidos, vino, e mataban el mejor gallo o cordero para prepar uno buenísimo manjar, típico de estas tierras. Gente muy buena.

También  quiero hacer un pequeño homenaje a mi tía Fernanda, que ha sido para mí una persona muy querida en mi infancia y adolescencia . Era hermana de mi padre y fue una gran cocinera, trabajando como jefe de cocina en restaurantes de prestigio en Lisboa entre los años 60 y 70 del siglo pasado.  De pequeño me gustaba pasar fines de semana con ella,  jugando con mis primas, y con las niñas y niños que estuvieran allí, hijos de los camareros, etc.. Mientras mi tía Fernanda trabajaba, yo jugaba, recorría las estancias del restaurante: la gran cocina, con muchos cuchillos, muchas sartenes colgadas del techo, las cocinas, freidoras... Y unas ollas muy grandes. De eso me acuerdo muy bien. Y me gustaba entrar en el comedor, cuando no había nadie. Ayudaba a los camareros a poner las servilletas bien puestas, y me gustaba ver cómo quedaban las mesas, con todos los cubiertos alineados y muy brillantes. Después de tantos años, aún recuerdo por dónde se entraba al salón-comedor, y cómo era la barra, y el patio... Es como si lo estuviera viendo en una fotografía.Cuando estaban cocinando, veía cómo mi tía y sus ayudantes cortaban los pescados, y las carnes, y cómo picaban las cebollas. Me gustaba ver cómo lo hacían, con esa maestría y rapidez que me hacía tanta gracia. Me gustaba acompañar a mi tía en la cocina y ver cómo elaboraba cada plato. Y le hacía preguntas, y correteaba alrededor de ella, sin pensar en el futuro. Un día  me llamo y me dice que mi tío emigraba a Francia y ella se marchaba para el pueblo (Barbeita) con mis primas Aida y Filomena (Cristina ha nascido en el 73). Días tristes para mí y no pude aprender más de su sabiduría. Pero siempre que podía, la visitaba, haciéndole compañía y pasaba tantas horas como podía cerca de ella en su cocina. Y la recuerdo con muchísimo cariño. Un beso muy grande para ella esté donde esté. Por ti, tía Fernanda . Por ti que he aprendido tanto, y más que me hubiera gustado aprender.

El Minho de mi abuela Silvinda de los años veinte y treinta del siglo pasado, era tan diferente de aquel que yo conocí en los años 60 y 70 y sobre todo de lo que existe hoy. Era un Minho dividido, por la dificultad de las comunicaciones, por la penosidad del transporte. Había Alto Minho, Bajo Minho, Minho Litoral e interior. Ir de uno a otro era obra y privilegio de todavía muy pocos, como lo era ir de municipio en ayuntamiento. Era un Minho de la labranza, de escaso y pobre comercio, de casi ninguna industria, salvo raras y honrosas excepciones. Pobre, paupérrimo. De él emigraban, generalmente gente joven (adolescentes y adultos jóvenes), para Brasil, que era el destino soñado de tantos minhotos. Destino, desde los años 70 y 80 del siglo XIX. O bien para África, para Angola, e a que muchos no soportanban la distancia, el clima y las enfermedades.Y en los años 60 y 80 del siglo XX para Francia, Alemania y Suiza. El Minho era, entonces, de clases sociales muy marcadas. Incluso en la 1ª República, la nobleza rural hacía la diferencia. A pesar de la nueva elite dirigente-burguesa con menos profesiones liberales, independientes ya dicta alguna ley. Y, claro, el clero, situado encima de todo y de todos, en una diócesis cuyo titular era Arzobispo Primado de Braga, denominación que rivalizaba con otras del país vecino. Pero, por lo demás, y todavía llegué a verlo respetado, un rito en las celebraciones litúrgicas. El Minho era conservador, inquieto, refugio de muchos clérigos, de algunos militares de estirpe, de uno o otro político, celoso invocador de la cuna de la nacionalidad.

Para los Minhotos, en la época si es posible aún más que hoy, Portugal había nacido en el Minho, en él había sido bendecido por la Santa Madre Iglesia, Católica Apostólica y Romana, y sus redenciones políticas de allí podían, de nuevo venir. Fue éste, por lo demás, el sueño del Movimiento Militar del 28 de mayo de 1926, arrancado en pleno Congreso Eucarístico en Braga la ciudad de los Arzobispos. Por otra parte, un Minho alegre en la música en la buena comida y en la bebida en ésta, con la originalidad del vino verde, amigo en la convivencia, extrovertido en la expresión. El hermano de Galicia y prolífico por naturaleza. Muy orgulloso de su especificidad y autónomo de Porto y de los triperos, y, por supuesto, mirando hacia Lisboa con una mezcla de desdén, incomprensión, escándalo y protesta. En este Minho de la abuela Silvinda, y que no hay que olvidar que el plato fuerte eran las historias del "Zé do Telhado..." Jefe de la más famosa banda do Marão"Zé do Telhado" es conocido por "robar a los ricos para dárselo a los pobres", por lo que muchos consideran el Robin dos Bosques portugués. Pasaron cien años, más década, menos década . La abuela Silvinda murió en 1985. Todavía empezó a ver el cambio, en su Moncao, en Valença, en Viana do Castelo, por donde cirujó en aquellos años 70 -80. Pero no vio tanta cosa de ese cambio, la industria, el comercio, las urbanizaciones, las carreteras el ritmo de vida, la conversión del Minho al menos de una parte de él, un signo de juventud, crecimiento, dinamismo, más riqueza.Todo, intentando no perder tradiciones ni echar fuera hábitos del tiempo de una vida ligada a la agricultura. No sé si la abuela Silvinda, que era una mujer inteligente y despojada, comprendería todos los cambios y, aceptaría todos los virajes de estilos, ritmos y pautas de conducta. Pero arriesgo decir que le gustaría el esencial de esos cambios. Es que en su juventud se moría al nacer, se andaba descalzo, no se sabía lo que era ir a la escuela, se sufrió la falta de medicinas e ignoraba lo que era la asistencia sanitaria de la Seguridad Social o la jubilación . Y no se salía del lugar para ir a la villa sede del municipio. Este Minho, gracias a Dios, murió para la mayoría aplastante. Sólo falta garantizar que el otro nunca mate el alma de los minhotos. Y, ahora, sea para todos, desde el litoral al interior, desde las ciudades a los pueblos, desde las parroquias a los lugares cercanos o remotos. Que no haya en el siglo XXI quien continúe viviendo en inicios o mediados del siglo XX.

Gastronomía del Minho: tradición, cultura y gusto.

Gastronomía es patrimonio, cultura y tradición. Su preservación significa el mantenimiento de las tradiciones más antiguas que marcan la identidad de un pueblo le da una diferencia y autenticidad, es un componente real del turismo. Comer y beber bien es significado de hospitalidad y saborear la gastronomía de Miño es todo y mucho más. Una comida típica de Miño puede ser muy variada. Legumbres sabrosas, carnes de animales criados en casa o lamprea merlada por los locales se utilizan en un sin número de platos, flanqueados por postres de recetas conventuales de dulzura regional y el acompañamiento del buen vino verde.  En el Minho puede comer bien desde las típicas tasquinhas a los restaurantes Gourmet.  En esta región verde y llena de tradición se puede comer un delicioso "papas de sarrabulho acompanhadas de rojões", o "cozido à portuguesa"  "cordero al horno", "bacalao á Minhota", "arroz de cabidela"  así como un delicioso "arroz doce, aletria, sonhos e pão-de-ló" e mucho más.

"Cornelia" era la vaca que comía tranquilamente todos los días en el campo de mi vecino delante de mi casa, en Barbeita. Durante los fuegos del 16 de octubre 2017, ha muerto a causa del humo, llamas etc. Luisa y yo nos quedamos muy tristes con su desaparición y le echamos mucho de menos.😥